La hora del misTÉrio: Natillas de la Iaia

Parte VIII

La atmósfera estaba demasiado cargada de especias y Agatha decidió abrir la puerta para tomar un poco de aire fresco. Al abrirla, le sorprendió encontrarse con la adolescente de coletas lacias sentada en las escaleras del vestíbulo. Se acercó y vio que tenía los ojos enrojecidos.

Ay pequeña, creo que los acontecimientos nos han superado a todos – le dijo sentándose a su lado – ¿no eres demasiado joven para participar en un certamen de estos? – añadió intentando restar gravedad a la situación.

Natillas de la Iaia miró a Agatha, sin mirarla realmente, antes de decir – No, en realidad yo no, yo no participo en el concurso, yo…

Agatha se aproximó más a ella y guiñándole un ojo le susurró al oído – Tranquila, se que Caperucita era tu hermana – la joven se desplomó y sus lágrimas eran sinceras, dulces y rojas como la remolacha – Te sentirás mejor si me lo cuentas todo.

Yo… – balbuceó Natillas – descubrí hace poco que Caperucita era mi hermana… yo fui un desliz. Vivo en un pueblo cercano y cuando me enteré de que vendría aquí no pude evitar venir a conocerla. Ayer hablamos un poco pero… no me creyó. Discutimos, recuerdo que pensé que era nuestra primera pelea de hermanas – se quedó mirando el vacío mientras una lágrima le recorría la mejilla. Era una infusión entrañable, dulce y delicada. Olía a reuniones familiares alrededor de la chimenea y a acurrucarse en el sofá con una mantita.

¿Sabes que tu padre le dejó una interesante suma de dinero a Caperucita? Debe resultar duro saber que parte de ese dinero era tuyo.

¿Qué? ¡No! – Una nube de almendra y canela penetró como un cuchillo en el cerebro de Agatha – No necesito más de lo que tengo… – se calmó y una ráfaga de vainilla recorrió la sala – Bueno sí… Me hacía ilusión tener una hermana. – Esbozó una sonrisa melancólica y Agatha tuvo que reprimir sus deseos de abrazarla – ¡Qué tonta! – añadió para sí, a pesar de manifestarlo en voz alta.

No te preocupes, seguro que si hubierais tenido más tiempo

¡Usted no lo entiende! – dijo molesta Natillas – había soñado tanto con tener una hermana…  – miró fijamente a Agatha antes de añadir – pero… ¡no puede ser! ¿Es posible? – y salió corriendo escaleras arriba antes de que Agatha pudiera abrir la boca.

EL DESENLACE EN: IX Parte: El Desenlace

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